Eduardo Rovira
| Eduardo Rovira había nacido en Lanús, un 30 de abril de 1925. Autodidacta y fascinado con los clásicos, fue el primero en utilizar
amplificación electrónica para todos los instrumentos y un pedal para el bandoneón. Algunos vieron en él un talento tan revolucionario como el de Piazzolla, quien lo ignoraba. Sin embargo, terminó instrumentando para la Banda de la Policía Bonaerense y murió cercado por la pobreza. Es un personaje extraño en el panorama de la música argentina. Atrevido, por momentos genial, vanguardista, experimentador, pagó cara su heterodoxia y su inadaptación. Aún más que Astor Piazzolla, fue cuestionado por los tangueros más tradicionales; pero a diferencia del bandoneonista marplatense, le escapo a la polémica. |
|
Y en la actualidad, a poco más de 20 años de su muerte, sólo se acuerdan de él algunos "iniciados", periodistas especializados o investigadores del tango, aún del exterior. Hizo toda la escuela de tango; tocó con Francisco Alessio, Vicente Florentino, Alberto Castillo,Roberto Caló, Alfredo Alaria, Alfredo Gobbi, José Barón, Jorge Hidalgo, Alfredo Del Río y Osvaldo Manzi, entre otros; y hasta tuvo su Orquesta Típica. Pero a mediados de la década del ´50, interesado por ampliar su lenguaje y salir de la ortodoxia, dirigió sucesivamente un trío -con Manzi y Kicho Diaz-, el Octeto La Plata y finalmente -a mediados de los ´60- la Agrupación de Tango Moderno, que tuvo una formación variable de siete u ocho músicos. En diciembre de 1961, Rovira había ofrecido en el aula magna de la Facultad de Medicina de la UBA un recital gratuito a grada llena, desdoblándose entre el bandoneón y el piano. Mezclado entre los estudiantes estaba Piazzolla. Al descubrirlo comenzaron a aclamarlo, como una tribuna futbolera aclama a un ídolo. Rovira lo invitó entonces al escenario y le cedió su bandoneón, en el que Astor improvisó durante unos minutos Los mareados y se fue. Rovira retomó entonces su fuelle y se extendió en largas variaciones sobre el mismo tango de Juan Carlos Cobián. Astor siempre lo ignoró a Eduardo, pero Eduardo no a Astor, contó Mabel, la viuda de Rovira. Él se ponía triste a veces recordó. ¡Qué injustos son!, decía, pero yo también tengo la culpa. No soy comercial, pero sé que lo que hago vale. Esos silencios dicen tantas cosas que intuyo. Pero sé que soy buen músico. Heterodoxa como fue toda su vida, y porque el trabajo no le sobraba, en los años ´70 dirigió la Orquesta de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y el Teatro Argentino de La Plata. Y a su destreza con el bandoneón sumó estudios de piano y corno inglés -hasta llegó a formar un conjunto de vientos-. Su discografía y su obra compositiva es muy grande; sin embargo, su material se halla casi exclusivamente en manos de coleccionistas que guardan las copias originales y en algunas pocas reediciones. Rovira murió en julio de 1980, olvidado de todos. Fuente: Fragmentos de textos de: Ricardo Salton y Julio Nudler. |
|
Ir a menú cultura
Ir a menú Multimedia
Ir a pagina principal