Juan Carlos Uder
Memorias de un Campeón del Mundo

Noche, cansada por la cantidad de horas que su novio le dedicaba al deporte, ella intentó un ardid. "Elegí -le dijo-, el basquet o yo". Por un momento, él sintió casi la misma pasión que les hacía padecer a sus rivales dentro de la cancha.

Sin embargo, la miró de arriba a abajo, pensó unos segundos y casi no dudo: "El basquet". La pareja, de todas maneras, continuó con su noviazgo y algunos años después, desde la tribuna repleta del Luna Park, Haydée disfrutó como nadie el campeonato mundial que acababa de ganar su prometido: Juan Carlos Uder.

Ese 3 de noviembre de 1950, Haydée tampoco imagino que a partir de esa hazaña Uder se iba a convertir en un nuevo ídolo de Valentín Alsina, en otro de los personajes que desde el deporte ingresaba a la galería de figuras reconocidas en el barrio.

Juan Carlos Uder en la tapa de la revista El Gráfico  (6 de abril de 1951)

 

"Después de ese campeonato, cuando iba por la calle me saludaban y le tenía que contar a todo el mundo cómo habíamos ganado. La final la conté infinidad de veces, y la sigo contando", explica. Pero a Uder nunca le interesó integrar esa categoría de personaje reconocido. "Si me llamaban de las radios o de los canales de televisión, nunca iba. No me gusta que me aplaudan, que me agasajen", dice.

Y recuerda que si iba a bailar a Estrella de Oriente o cualquier otro club y por los parlantes anunciaban que "se encuentra el Campeón Mundial de Basquet...", enseguida se retiraba. Si hasta cuando lo sacaron en la tapa de El Gráfico, para hacerle las fotos tuvieron que venir al Club Ñandú.

El mundial del 50 marcó la cumbre en la carrera deportiva de Uder, un hombre apasionado por el basquet que a los 8 años ya había comenzado a descubrir los primeros secretos del aro y el tablero en el club Ñandú de Alsina.

Uder nació en 1927 en Avellaneda, pero se mudó para Alsina a los ocho años. Durante un tiempo vivió a una cuadra de donde estaba el Cine Nuevo, en Alsina y Farrell, pero después su padre consiguió trabajo como canchero en el Ñandú y se instaló en el club con toda la familia.

Por esa época, en el Ñandú se jugaba al tenis, a la pelota paleta y, por supuesto, al basquet. Y Juan Carlos, aunque practicaba todos esos deportes, pronto descubrió por donde pasaba su pasión. Integró los equipos del club en las categorías infantiles y cadetes, y comenzó a competir en las ligas de basquet de la Capital.

En esos años lo convocaron a la Selección Nacional para participar en algunos torneos sudamericanos, pero la gran oportunidad le llegó con las Olimpíadas de 1948 que se jugaron en Londres. "Iba viajando en un tren y compré el diario para leer la lista de los jugadores que habían seleccionado. No lo quería abrir -recuerda-. Y así me enteré que entre todos los nombres convocados estaba el mío".

Después vino el Mundial de 1950, los Panamericanos de México del 51, las Olimpiadas de Helsinki el año siguiente y los Panamericanos de Buenos Aires en el 55, torneos en los que Uder representó al país con la camiseta de la Selección Nacional.

Durante toda esa etapa, el proyecto estaba apoyado por el presidente Juan Domingo Perón. "Cuando concentrábamos en Ezeiza un día vino a visitarnos. Era muy fanático de los deportes -recuerda Uder-. La noche que salimos campeones, al rato recibimos un mensaje que decía que nos felicitaba y que había estado escuchando el partido. Y después nos recibió en la Casa de Gobierno.

El recuerdo más emotivo que conserva fue cuando terminó la final contra la selección de los Estados Unidos en el Luna Park. Con el titulo de Campeón del Mundo recién obtenido , se prendieron todas las luces del estadio y las miles de personas que lo habían colmado comenzaron a cantar el himno. "ese fue el momento más emocionante", recuerda Uder.

Después, a la salida del estadio se produjo lo que se recuerda como La noche de las antorchas. "La policía tuvo que formar un cordón en la calle porque no nos dejaban salir. Nos subimos a un micro y fuimos por Corrientes hasta Callao, y toda la gente que había estado en el Luna, más los que se habían quedado afuera y los que salían de los cines y los teatros, empezaron a tirarnos papelitos y a prender antorchas.
Nos hicieron como un camino con fuego. Fue inolvidable. Después tomamos por Callao y la gente comenzó a dispersarse recién cuando llegamos a Libertador".

Cuando logró esa hazaña histórica Uder todavía era jugador de Ñandú, pero después pasó a integrar el equipo de Racing. Sin embargo, no le permitieron jugar por mucho tiempo: como por la conquista del titulo todos los integrantes de la Selección recibieron un premio especial, fueron declarados profesionales y ninguno pudo seguir jugando en las ligas que todavía eran amateurs.

Como a mediados de la década del 50 irse a juar a otro país representaba un verdadero sacrificio y económicamente tampoco convenía, Uder decidió quedarse. El campeón, entonces, se convirtió en entrenador.
Preparó distintas categorías en muchos clubes, como Vélez e Independiente, hasta que llegó a Sportivo Alsina y ganó un par de torneos de la Asociación de Basquet de Capital Federal.

Uder siempre sintió el apoyo incondicional de la gente de Alsina, de sus vecinos. Cada vez que jugaba, una barra lo seguía para alentarlo desde la tribuna que sea.
Una vez, cuando entrenaba a Sportivo Alsina, jugaron una final contra Lanús, en uno de los clásicos de la zona sur. "Y no sé la cantidad de camiones que salieron de acá para el Luna Park -recuerda- esa final la íbamos ganado fácil, pero después la perdimos".

El campeón evoca esa época casi con nostalgia. Sucede que hoy en Sportivo el basquet ya no existe. Y eso le provoca "mucha rabia". Explica que cuando era entrenador había siete categorías que competían en las ligas, pero ya no queda ninguna. "Lo que pasa es que el basquet es un deporte que da pérdidas, por eso se necesita de gente que colabore", aclara.

Fuente: Revista de la Biblioteca Popular Sarmiento, número 19, Junio de 1999.
                  Foto: Tapa de la revista El Gráfico Nº 1652 del 6/4/1951

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   Revisado:19 de febrero de 2003.