En la zona oeste de
Lanús, en un lugar de la Villa de los Industriales, existió hasta hace poco una antigua
casa quinta propiedad de don Ignacio J. Plaul, ejemplo de hidalguía, y de doña Matilde
de Fernández de Plaul, dama de exquisita sensibilidad.
En el mismo solar sus propietarios levantaron un rancho que denominaron " El Refugio
" -aunque comúnmente se le llamaba " El Rancho de los Plaul "-, no tanto
por su típica construcción de adobe y paja, como porque se había constituído en un
lugar ponderable de afectos y del culto a la nacionalidad.
" El Refugio " era una prueba evidente del hondo arraigo y el amor a esta patria
que profesaban sus propietarios. Allí se cultivaban las más puras tradiciones Argentinas
y dábanse cita en él eminentes figuras que descollaban en la política, en las letras o
en las ciencias. Era una clásica " Peña " en la que se debatían los problemas
nacionales, los últimos acontecimientos militares y las novedades europeas.
Tras la plática cordial y erudista, se participaba de la mesa tendida al pie de frondosos
árboles.
Ejemplo de ese acendrado criollismo era el arte del asado a la usanza de las estancias
argentinas, en el que rivalizaban el dueño de casa con los más afamados cultores.
Vaquillonas con cuero eran puestas puestas al fuego lento desde la noche anterior y
convertidas en un manjar. También se gustaron allí asados de potrancas, tan apreciados
en esa época.
La vida de D. Ignacio fue sin duda ejemplar y constituye una página singular en la
historia de Lanús. Fue siempre joven. A los 70 años demostró honda preocupación por
poblar de nuevos árboles su residencia y deseoso de disfrutar de su sombra llegó a
plantar acacias. Pudo disfrutarlas pues falleció a los 92 años.
Fuente:
Héctor J. Bianchi, Suplemento especial de LA IDEA Nº 3614 |