La Derrota del Barro

Mañana se reúne la Comisión de Fomento... Cada miembro de la Comisión abandonaba sus ocupaciones para dedicarse al progreso del pueblo.
¡Qué sesiones famosas! En ellas se discutían los más raros proyectos. ¡Y con qué honradez ingenua los miembros de la junta directiva se abrazaban y se felicitaban mutuamente, cuando obtenían algún adelanto para la población!.

En 1892, el señor Martínez de Hoz regalaba un terreno para la primera escuela provincial; en 1900, el gobierno instalaba la primera oficina del Registro civil; en 1911, por iniciativa de Alberto Barceló, la comuna daba seis mil pesos...

No obstante la honestidad de la comisión para invertir los fondos, el dinero a duras penas servía para tapar los agujeros.
Aquel pueblo necesitaba millones para endomingarse. Pero, tanto se empeñaron los vecinos y estiraban de tal modo los pesos que, poco a poco, el progreso se paseó por las calles y floreció en los edificios.

La lucha más tenaz fué contra el barro que embetunaba la belleza del pueblo.
Un barro pegajoso, insolente, que se subía por los pies hasta la cara; que salpicaba las paredes; que se tragaba las ruedas de los coches...  Ahora mismo, en 1931, el barro no se da por vencido; en cuanto llueve se asoma por entre las rendijas del asfalto; pretende recobrar los dominios de su corona regia, e insiste, hasta que la escoba democrática lo barre del pavimento sin misericordia

Fuente: Juan José de Soiza Reilly, Revista Caras y Caretas Nº 1700, 2 de mayo de 1931

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   Revisado:25 de Junio de 2002.