Los Fundadores

Ah, nuestro pueblo!  -suspira un antiguo vecino de Lanús.-  En su mayor parte, los habitantes que hoy viven aquí desconocen el esfuerzo realizado por las generaciones anteriores. Cuando veo estas calles ruidosas, estos cines repletos, estas vidrieras llenas de artículos de lujo y estos cafés en cuyas salas no cabe un alfiler, pienso en aquellos antiguos pobladores que, a fuerza de trabajo, hicieron maravillas.

Nadie ha escrito la historia de Lanús. Bien merece una historia. Las cuarenta manzanas de su población constituían en 1861 el área de un establecimiento de ganadería  -llamado "La Blanca"-  de propiedad de la familia Rodríguez.
Más que estancia era un depósito de hacienda para abastecer a los mercados de la Capital. Durante muchos años "La Blanca" estuvo en venta. Nadie quería comprarla. La arrendó un hombre de negocios, Don Martín Duhalde, quien a menudo decía:
-
Si yo fuera rico compraba estas tierras para fundar un pueblo.

Le ofrecieron las cuarenta cuadras por siete mil pesos. (Hoy valen, Seguramente, más de siete millones.) No pudo reunir esa suma. Poco después, el campo fué adquirido por don Juan Lanús. Siguió siendo estancia hasta que Lanús se decidió a venderla. Dividió el terreno en lotes y le puso bandera de remate.

El 22 de octubre de 1888 se realizó la primera venta de los lotes.
Los compradores podían contarse con una sola mano: Guillermo Gaebeler, Martín Duhalde, Emilio Plaul, F. Rodríguez...  Cinco años más tarde  - en 1893 - se efectuó un segundo remate. "
Gran remate en los terrenos de Lanús. Una pichincha ". -Decía el anuncio del rematador. Este aviso vino a ser el acta de bautismo.

Empero, a pesar de la propaganda, a pesar del ruido de la murga del circo y a pesar del asado con cuero, faltaron compradores. Nadie compró nada.

- ¡Puro barro! - decían los incrédulos. Fué una desilusión para los fundadores. Eran hombres fuertes. Insistieron. Trabajaron. En invierno el barro les llega a las narices; en verano, el paso de una carreta ea suficiente para que el pueblo desapareciera entre nubes de polvo. El núcleo de los héroes crecía: José María Cao, Domingo Meseguer, Ramón Castany...   ¡ Y tantos !.

Fuente: Juan José de Soiza Reilly, Revista Caras y Caretas Nº 1700, 2 de mayo de 1931

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   Revisado:25 de Junio de 2002.