YA SOMOS LIBRES
| Noble expresión
de colectividad orgánica, plena de conciencia ciudadana, fué la brindada por la ciudad
de Lanús, a los jefes del Estado. Hemos dado la prueba máxima de nuestro valer.
Brillante nota en su contenido civil, y emocionante en su fuerza de fe argentinista. Al incorporarnos al núcleo capital de ciudades matrices, nuestra primera etapa, la rubricaremos con gallardía, con orgullosa señoralidad. Sobrios en la expresión, efusivos con la mesura de un rito sagrado, la ciudad demostró haber sido acreedora de la distinción histórica de que fué objeto. Olvidemos la ciega teoría del número; no mencionemos a los millares de almas que tienen sus hogares aquí. Ocupémonos de los baluartes morales, de la esencia fundamental de una sociedad que llega a su soberanía. Ante los jefes del Estado, ante las miradas de los distinguidos visitantes que nos honraron con su presencia, ante los observadores fríos, y los cálculos de los indiferentes, rubricamos nuestro acerbo, afirmando nuestro prestigio tradicional de población simpática y cordial. Muchedumbre de todas partes hemos visto agitarse en torno a los actuales jefes del Estado; pero de lo nuestro, sin hacer mas referencias, estamos satisfechos. Las familias, las delegaciones de sociedades culturales y deportivas, empleados, obreros, dirigentes industriales, profesionales universitarios, comitivas, y en fin, la sociedad completa de nuestra ciudad, dieron ayer en armonioso y atemperado espectáculo civil, la expresiva raigambre de una cultura argentina bien afinada. La ciudad en el histórico día de su ansiada independencia, parecía sonreír bajo un sol acogedor. Mujeres y hombres, niños y niñas, presentaban en sus rostros la serenidad y la satisfacción de la hora. Ni un grito descomedido, ni un acto inverosímil; estuvo Lanús magnifica, en su puesto, como si levantara ante sus hermanos de la provincia, las tablas de la ley, la antorcha de la justicia, y la bondad de una madre. El Presidente Farrell, y el coronel Perón, observadores profundos de los núcleos sociales, comprendieron la grandeza moral de la sociedad que les rodeó con cariño. Estuvieron ellos, hombres templados como para no emocionarse ante nada, estuvieron con nosotros desde los primeros momentos. Fueron nuestros amigos; no nos hablaron el tono autoritario de los gobernantes. Por el contrario, el General Farrell no pudo hablas más de lo que hizo, por que la emoción, los recuerdos, su infancia transcurrida en nuestra ciudad, le impidió proseguir. El coronel, el orador de fibra románica, nos habló también como si estuviéramos en un salón familiar. Buen auspicio para el nuevo partido; la historia que marcha sobre nosotros dirá lo demás. Ya somos libres!. Fuente: Publicado en el diario Pregón Nº 974 del 02/01/1945 |
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