1880 - Tropas de Retaguardia
Con motivo de los enfrentamientos de las tropas en pugna en las proximidades de la ciudad de Buenos Aires, El Camino Real (avenida Pavón) fue testigo de muchos hechos en los que les tocó actuar al ejército argentino que se hallaba acantonado en gran parte en las proximidades de la localidad de Temperley, lugar conocido por Santa Catalina donde se hallaban instalados los cuarteles de varios regimientos. Es sabido que el personal que integraba aquellas tropas lo era de carácter voluntario en su mayoría y estaba autorizado a prestar servicio llevando a sus esposas e hijos. Las mujeres eran consideradas como fuerza efectiva de los cuerpos y al decir del comandante Prado en su libro "La Guerra al Malón", se les "daba racionamiento y, en cambio se les imponían también obligaciones; lavaban la ropa de los enfermos y cuando la división tenía que marchar de un punto a otro, arreaban las caballadas. Había mujeres que rivalizaban con los milicos más diestros en el arte de amansar a un potro y de bolear a un avestruz. Eran toda la alegría del campamento y el señuelo que contenía en gran parte las deserciones. Sin esas mujeres la existencia hubiera sido imposible. Acaso las pobres contenían el desbande de los pueblos". De ahí que, en una narración de los festejos del 9 de julio realizados en uno de los cuarteles dice: "Y cuando la banda del 2º rompió el fuego con una "cueca" estaban presentes todas las damas de la guarnición". No extrañó pues en 1880 ver pasar por el Camino Real, perfectamente equipado un regimiento de línea hacia el Puente de Barracas al mando del propio general Levalle y a las pocas horas de este paso un numeroso "ejercito de retaguardia" integrado por mujeres y pequeños niños arreando animales de carga, con enseres de cocina, víveres, ropas, algunas armas y distintos elementos de apoyo a la tropa. Más atrás, marchaba a su vez un grupo de muchachos montados blandiendo cañas tacuaras y ejercitando sus habilidades de lanceros en alegres carreras por los campos cercanos, pronunciando entusiastas y con todo el ardor juvenil el grito de: Viva la Patria! que era coreado por todos con un Piuuuu...ju...juuuu...! Eran los hijos mayores de aquellos soldados que pasaron a las órdenes de Levalle, que ejercitaban por primera vez sus armas. Eran los futuros integrantes del Ejército Argentino. Fuente: Héctor J. Bianchi, publicado en el diario Pregón del 04/02/1969 |
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